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Estudiar la niñez es de toda relevancia en términos de desarrollo cultural y económico.  La educación y la estructura para la toma de decisiones está directamente relacionada con la mayoría de indicadores aceptados internacionalmente de calidad de vida y desarrollo.  La educación de primera y segunda infancia son especialmente importantes y delicadas pues es en este período que se “instalan” los criterios sobre los cuales el niño y la niña van a tomar decisiones el resto de su vida: la estructura paradigmática.  Pero el colegio, o el sistema educativo -sea dentro del modelo establecido o alguna alternativa- no es el único lugar en el que los niños están recibiendo su estructura paradigmática.  El hogar, por su puesto, es un contexto que impacta considerablemente a los niños, aunque en ciertas sociedades el tiempo que el niño o la niña pasan en casa llega a ser igual o menor que el que pasan en los centros educativos curriculares y extracurriculares.  Y por otro lado, el contexto cultural tiene efectos directamente en los niños y tiene efectos sobre los contextos que inciden en los niños.  La publicidad, comercial y política, y la idustria cultural -Hollywood, novelas, melodramas, radio-shows, diarios digitales y redes sociales-, están constantemente incidiendo en la estructura mental de padres y niños.  Esto plantea un reto ético de toda trascendencia.

Los niños son grandes consumidores, sobretodo si se plantea un equilibrio entre consumo y producción.  Los niños llegan a ser consumidores incluso de cosas y símbolos de los que no tienen consciencia.  Es decir, los niños portan la identidad de sus padres a través de los bienes y la cultura que los padres compran para ellos.  Este comportamiento suele extenderse a grupos sociales.  Los niños portan la identidad del grupo al que pertenecen sus padres.

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Hasta cierto punto, la educación se ha convertido en una metodología de reportaje continua, un acto de observación al niño.  Las pruebas y tests son una forma estandarizada de observar la respuesta del niño y la niña a estímulos diseñados, y la educación en el nivel emocional en gran medida es la observación de las respuetas emocionales frente a lo diseñado y lo espontáneo.  Pero observar a los niños como consumidores, con el fin de entender diferentes formas de venderles productos y vender productos a sus padres plantea un dilema ético importante.  El reto en gran medida radica en que el niño, a los ojos de la sociedad civil, es una entidad protegida y especial, cuyos derechos son amplios y sus responsabilidades pocas y transmitidas a sus padres en gran medida.  Los niños, como consumidores, se supone deben tener el derecho de que el mercado les entregue los mejores productos para que satisfagan sus necesidades y deseos.  Uno de los puntos radica en que, según la sociedad civil, el niño puede – y de hecho se asume- que esté equivocado en cuanto a lo que quiere, o que no tenga consciencia de los efectos de sus deseos de consumo.  Sea en la alimentación, la ropa, la música, los libros, los juguetes, las actividades y experiencias, el niño está sujeto a elegir mal, en términos de la sociedad civil.  Por esto son responsabilidad de sus padres hasta cierta edad, y por esto se les protege como seres sociales especiales.

Por esta razón estudiar niños para temas de consumo es difícil y debe hacerse con mucho cuidado.  Sin embargo, la investigación científica con fines éticos de mejorar la calidad de vida con consciencia del impacto social y ambiental, es completamente pertinente para el ejercicio cívico y económico.  Los niños tienen necesidades, las cuales el adulto debe suplir, y lo mejor es contar con los mejores productos.  Es fácilmente verificable encontrar madres insatisfechas con productos para el aseo, para el vestir, para comer y en realidad en cualquier otra de las categorías de productos para niños y niñas.  Es prudente ir mejorando los productos, y lo único que permite esto es la interacción de los productores con los consumidores.  Nuestro supuesto moderno por excelencia, basado en nuestra fe en que la ciencia es noble y nos permite mejorar como civilización, es que la investigación nos ayuda a solucionar problemas.

Por otro lado, las experiencias y los servicios para niños han surgido de la mano de los cambios en la estructura social -tanto en el nivel familiar como comunitario- y a razón de los recientes shocks a la cultura y a la tecnología.  La niñez está cambiando y el ser padre y madre también.  Ha cambiado la manera de aprender a ser padre, madre y niño.  Ha cambiado el acceso a la información, los canales de comunicación entre miembros de la familia y entre las familias y el nivel institucional -colegios, extra-curriculares, etc-.  Han cambiado los parámetros sobre los que se evalúa el buen desempeño civil de niños, padres y madres.  Han cambiado y se han especializado los conceptos y categorías de seguimiento al desarrollo de niños y adultos.  De la misma manera ha tenido que evolucionar la manera de estudiar a los niños y sus padres y de generar soluciones y ayudas para su existir en sociedad.

En ese sentido, la investigación con niños y padres no sólo es deseable sino necesaria.  A través de los años se han venido diseñando diferentes estrategias de investigación para aproximarse a la relación entre niños, padres, objetos, lenguaje y símbolos que permiten dentro de una estructura ética internacionalmente aceptada la aproximación del sector privado -y aún el público- con las familias.

Si deseas participar en nuestros estudios culturales de la niñez y la paternidad-maternidad te invitamos a contactarnos para explorar las diferentes alternativas en investigación y gestión de innovación cultural y tecnológica.

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